William Friedkin fue un director estadounidense nacido en Chicago, célebre por aportar una intensidad cruda, de raíz documental, al cine de género en los años setenta. 'French Connection, contra el imperio de la droga', un policíaco implacable construido en torno a una de las persecuciones de coches más celebradas del cine, le valió el Óscar a mejor director, mientras que 'El exorcista', una película de terror inusualmente contenida e inquietante sobre la posesión demoníaca, se convirtió en una de las películas de terror más taquilleras e influyentes jamás hechas. 'Vivir y morir en Los Ángeles' amplió después su gusto por figuras policiales moralmente ambiguas y secuencias de acción cinéticas hacia el submundo de la falsificación. El estilo visual con cámara en mano, casi documental, de Friedkin y su disposición a llevar el material de género hacia un territorio psicológico perturbador lo convirtieron en uno de los estilistas definitorios del registro más crudo del Nuevo Hollywood.