Surgido de la clase trabajadora de Hull, Tom Courtenay se convirtió en uno de los rostros emblemáticos del nuevo cine británico de los años sesenta gracias a 'La soledad del corredor de fondo' y 'Billy, el mentiroso'. Su presencia frágil y su intensidad interior lo llevaron a papeles memorables en 'Doctor Zhivago' y, años después, en 'La sombra del actor', que le supuso una nominación al Óscar. Aunque desde mediados de los sesenta orientó buena parte de su carrera hacia el teatro, nunca abandonó del todo la pantalla, regresando con fuerza en títulos como '45 años'. Nombrado caballero por sus cuatro décadas de servicio al cine y al teatro, encarna la sensibilidad y la sobriedad del mejor realismo británico.