Actriz neoyorquina forjada en el teatro experimental y el círculo del Actors Studio, Sally Kirkland fue una figura tenaz del cine independiente estadounidense. Su interpretación de una emigrante checa en 'Anna' le valió una nominación al Óscar a la mejor actriz y un Globo de Oro, el reconocimiento cumbre de una carrera hecha a base de papeles secundarios y arriesgados. Trabajó durante décadas en decenas de producciones, del underground de los años sesenta a títulos como 'JFK: caso abierto' de Oliver Stone, siempre con una presencia intensa y algo excéntrica. Nacida en 1941 y fallecida en 2025, encarnó como pocas el arquetipo de la actriz de carácter entregada al oficio.