Dotado actor de reparto estadounidense de los años 70 y posteriores, recordado por un notable registro entre lo cómico y lo dramático. Ofreció una interpretación tan hilarante como conmovedora como el Monstruo bailarín de claqué en 'El jovencito Frankenstein' (1974), de Mel Brooks, y otra escalofriante como el Mago racista en 'Taxi Driver' (1976), de Scorsese. Falleció en 2006, ya en la vejez querido por el público televisivo como el gruñón Frank Barone en 'Todo el mundo quiere a Raymond' (1996). Intérprete versátil y profundamente humano, se movía sin esfuerzo entre la amenaza y la calidez.