Michel Serrault, nacido en Brunoy en 1928, fue uno de los grandes actores camaleónicos del cine francés, cómodo por igual en la farsa y en el drama más oscuro. Los espectadores más jóvenes lo descubrieron en Las diabólicas (Les Diaboliques, 1955), y luego alcanzó la inmortalidad internacional como la drag Zaza en La jaula de las locas (La Cage aux Folles, 1978) y sus secuelas. Coronó una racha de trabajos de composición con el César por Nelly y el señor Arnaud (Nelly et Monsieur Arnaud, 1995), de Claude Sautet, y fue escalofriante en el doctor de Docteur Petiot (1990) y el asesino de Assassin(s) (1997). Detrás del hombre gracioso vivía un dramático formidablemente preciso al que los mejores directores llamaron hasta el final.