A lo largo de medio siglo, Melvyn Douglas pasó del galán mundano al patriarca de peso dramático sin perder un ápice de finura. Actor estadounidense de origen judío, se hizo célebre en los años treinta como seductor de comedia sofisticada, papel que cristalizó en 'Ninotchka' (1939), donde hizo reír por primera vez a Greta Garbo. Su madurez le trajo dos Óscar al mejor actor de reparto: por 'Hud' (1963), como el viejo ranchero íntegro, y por 'Bienvenido, Mister Chance' (1979), su despedida junto a Peter Sellers. Entre medias recibió una nominación por 'Nunca canté para mi padre' (1970). En sus últimos años se adentró en el terror sobrenatural con 'El aullido' y 'La casa maldita'. Su registro evolucionó de la ligereza elegante a una gravedad conmovedora.