Pocas voces marcaron la cultura popular estadounidense como la de Bing Crosby, cantante, actor y showman que dominó la radio, el disco y el cine durante los años treinta y cuarenta. Su barítono aterciopelado y su estilo relajado le convirtieron en uno de los intérpretes más vendedores de la historia, sobre todo gracias a 'Blanca Navidad', que popularizó en 'Holiday Inn' (1942). En pantalla brilló en la serie de comedias 'Road to…' junto a Bob Hope y Dorothy Lamour, y ganó el Óscar por su sacerdote afable en 'Siguiendo mi camino' (1944), papel que retomó en 'Las campanas de Santa María'. Su registro combinaba naturalidad, humor cómplice y una musicalidad sin esfuerzo aparente que definió el ideal de la estrella crooner.