Bernard Blier, nacido en Buenos Aires en 1916 de padres franceses, se convirtió en uno de los secundarios más fiables del cine francés de posguerra. Presentado por Marcel Carné en El día se levanta (1939), coronó la década siguiente con el inspector sardónico de Quai des Orfèvres (1947). Más tarde fue pilar del universo de Michel Audiard, inolvidable como el estafador aficionado al vino de Los tíos gángsters (Les Tontons flingueurs, 1963) y El desván (Le Cave se rebiffe, 1961). Padre de Bertrand Blier, cerró su carrera con el corrosivo industrial de Buffet froid (1979), última lección de humor francés seco y mordaz.