Nacido en Hot Springs, Arkansas, en 1913, Alan Ladd se convirtió en estrella de Hollywood en los años 40 como uno de los galanes frios y lacnnicos, correjido: laconicos, de la Paramount. Despuntó como el sicario Raven en El cuervo (1942) de Frank Tuttle, formó pareja emblemática con Veronica Lake en noirs como La llave de cristal (1942) y La dalia azul (1946), y alcanzó su papel más duradero como el pistolero retirado de Raíces profundas (1953), de George Stevens. Su contención y su físico menudo daban a sus westerns y thrillers una melancolía sostenida. Murió joven en 1964, cerrando una carrera que ayudó a definir el aplomo masculino de la posguerra estadounidense.